martes, 1 de noviembre de 2011

El deseo, la raíz del sufrimiento.


Empezare por decir que todas las personas hemos sufrido unas más que otras a pesar de que a nadie nos gusta sufrir. 

Pero ¿por qué sufre la gente? Porque hay algo deseado que no tenemos, lo estamos perdiendo o tal vez es tarde para recuperar lo que deseamos, esto es: el amor de alguien, el no ser correspondidos como uno quiere que nos quieran, el no tener aquel coche o trabajo, solvencia económica etc. La solución para acabar con dicho estado anímico seria dejar de desear, pero esto es imposible puesto que la mente es insaciable.
Es por eso que debemos de aprender a desarrollar nuestra capacidad de anhelar sin quedarnos pegados al deseo, a ser una persona feliz aceptando nuestra realidad sin aferrarnos a un pasado el cual esta muerto, a un futuro incierto. ¿Preocuparme? Únicamente por mi presente. Viviendo así al máximo cada uno de mis días, dando siempre lo mejor de mi persona a los que me rodean dejando a un lado el egoísmo, el pesimismo. Simplemente dando lo mejor para esperar lo mejor aunque las cosas no salgan como uno quiere y al tiempo que uno quiere es por que algo mejor esta por llegar a nuestra vida, yo siempre he vivido con esta manera de pensar, es lo que funciona.

Dejando a un lado la añoranza por lo que ya no esta conmigo. Por último permite que todos los sucesos sucedan.

Autora: Nadia Kabande Toledo

La importancia de la personalidad.


“Desarrolla una personalidad agradable” El motivo es simple: No se puede tener una posición de éxito dentro de una sociedad, siendo rechazado por esa sociedad. Tu necesitas a los demás miembros de la sociedad establecida, si es que quieres grandes beneficios.
No es posible andar por el mundo provocando pleitos y desacuerdos, y después pedirle a esas personas que te compren tu producto o que te ayuden a triunfar, simplemente no lo van a hacer, y si tienen la oportunidad de cobrarte un resentimiento antiguo, eso si lo hacen.
Lo mejor es estar siempre dispuesto a ayudar, en la medida de lo posible con buen ánimo, para que tu también recibas ayuda de los demás. Puedes ayudar hasta en los más mínimos detalles, la vida está llena de detalles, muchas parejas se separan y muchos negocios y empleos se han perdido por “simples detalles”.
Varios escritores de estos temas indican que para tener éxito propio, hay que impulsar el éxito en los demás, y estoy de acuerdo con esto. Simple de entender, si estás rodeado de gente de éxito, tú también tienes éxito, si estás rodeado de fracasados ¿Cómo te impulsan? Ellos no tienen los medios ni los conocimientos para hacerlo, es más, te impulsan hacia el fracaso.
Lo más conveniente para ti es tratar a todas las personas con amabilidad, incluso a las personas que por “química interpersonal” no te caen bien, no sabes que contactos o relaciones puedan tener y en algún caso te puedan ayudar. Claro, esto de ninguna manera es llevarte al propósito de que por querer quedar bien, te dejes humillar o dañar, o estar haciendo todo lo que los demás digan sin beneficio propio y ni siquiera un agradecimiento. Aquí la idea principal es que si tú tratas a los demás con amabilidad, recibas el mismo trato.
Tienes que estar consciente de que en algún momento debes crear tu propio equipo de trabajo, o formar equipo con otras personas, si hay desarmonías entre los elementos del equipo, va a ser muy difícil el éxito, sólo tienes que observar el desempeño y resultados de los equipos deportivos cuando se conoce que existen fuertes desavenencias entre ellos.

Esto es éxito.

 


Yo creo que el éxito no está en lo económico. Yo creo que una persona no es de éxito porque le va bien en los negocios o le va bien profesionalmente o saca 10 en la escuela. Creo que eso es lo que menos vale. Lo que vale es tener los pies en la tierra, la familia – el concepto de familia-, los amigos. Apreciar las cosas que tienen valor verdadero, no material, no físico necesariamente”. Pienso que a este concepto bien le puedo añadir una reflexión que me regaló mi madre:
El éxito no tiene que ver con lo que mucha gente se imagina. No se debe a los títulos nobles y académicos que tienes, ni a la sangre heredada o la escuela donde estudiaste. No se debe a las dimensiones de tu casa o de cuantos carros quepan en tu garaje. No se trata de si eres jefe o subordinado; o si eres miembro prominente de clubes sociales. No tiene que ver con el poder que ejerces o si eres un buen administrador o hablas bonito, si las luces te siguen cuando lo haces. No es la tecnología que empleas. No se debe a la ropa que usas, ni a los grabados que mandas a bordar en tu ropa, o si después de tu nombre pones las siglas deslumbrantes que definen tu estatus social. No se trata de si eres emprendedor, hablas varios idiomas, si eres atractivo, joven o viejo.
El éxito… Se debe a cuánta gente te sonríe, a cuánta gente amas y cuántos admiran tu sinceridad y la sencillez de tu espíritu.
Se trata de si te recuerdan cuando te vas. Se refiere a cuanta gente ayudas, a cuanta evitas dañar y si guardas o no rencor en tu corazón. Se trata de que en tus triunfos estén incluidos tus sueños. De si tus logros no hieren a tus semejantes. Es acerca de tu inclusión con otros, no de tu control sobre los demás.
Es sobre si usaste tu cabeza tanto como tu corazón, si fuiste egoísta o generoso, si amaste a la naturaleza y a los niños y te preocupaste de los ancianos.

Es acerca de tu bondad, tu deseo de servir, tu capacidad de escuchar y tu valor sobre la conducta. No es acerca de cuantos te siguen sino de cuantos realmente te aman. No es acerca de transmitir, si no cuantos te creen si eres feliz o finges estarlo. Se trata del equilibrio de la justicia que conduce al bien tener y al bien estar. Se trata de tu conciencia tranquila, tu dignidad invicta y tu deseo de ser mas, no de tener más.
ESTO ES ÉXITO.

Autor: Carlos Slim